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Reglas para analizar problemas

Decidan una hora y un lugar donde hablar. No empiecen hasta que los dos sientan que están preparados.

No cambien de tema. Si es necesario, escriban sus puntos de vista (fase uno del modelo para resolver conflictos) y póngalos frente a los ojos. Es fácil desviarse del tema.

Procuren comprender en lugar de discutir. Ambos perderán si lo que buscan es ganar la discusión. En lugar de discutir, traten de comprender el punto de vista de su cónyuge.

Dejen hablar a su cónyuge. Ambos cónyuges deben tener la misma oportunidad de hablar sin interrupción.

Hablen con voz suave. Tanto a ustedes como a su cónyuge les será más fácil expresar ideas y sentimientos en un ambiente estable y tranquilo. Cuando se habla con calma, es más probable oír y sentir las impresiones del Espíritu Santo.

Si es necesario, tómense un descanso. Si se acaloran, apártense y tómense un descanso, poniéndose de acuerdo en cuanto a la hora en que podrán reanudar la conversación, una vez que los ánimos se hayan calmado.

Sean bondadosos. No ataquen las debilidades ni los puntos sensibles de su cónyuge.

Empleen el lenguaje apropiado. La profanidad y los insultos son ofensivos, degradantes e injustos; además, obstaculizan el proceso de resolver conflictos.

Analicen los asuntos actuales. No desentierren el pasado. Los asuntos pasados se discuten sólo si son parte del problema que no se haya resuelto.

Eviten la violencia. La conducta violenta es destructiva y contraria a los principios del Evangelio.

No amenacen con separarse ni divorciarse. Ese tipo de amenazas ha llevado a los matrimonios a cometer actos que después lamentan.

Busquen ayuda espiritual. Al orar fervientemente pidiendo ayuda, el Señor dirigirá sus esfuerzos, ablandará su corazón y los auxiliará para encontrar soluciones.

Descansen y vuelvan a intentarlo. Si no pueden resolver el problema usando el modelo que se ha proporcionado, pónganse de acuerdo para dejarlo de lado por el momento. Establezcan un día y una hora para reanudar la conversación con renovada energía.

Busquen soluciones específicas. Por ejemplo, una solución como: “Yo me encargaré de la oración familiar y tú te encargarás del estudio de las Escrituras”, es al mismo tiempo específica y practicable.

Hagan planes para implementar la solución. Decidan quién hará qué, cuándo se hará y cuán seguido debe hacerse.

Pónganse de acuerdo en recordárselo mutuamente. Decidan juntos si es necesario recordarse mutuamente los acuerdos, quién lo hará y cómo se hará.

Hagan planes para hacer excepciones. Hagan planes por adelantado en cuanto a la forma en que afrontarán circunstancias que interfieran con la solución.

Revisen y reevalúen. Establezcan el día y la hora en que reevaluarán su solución y la revisarán si es necesario.

Cita extraída de la Guía para el Instructor del curso "Cómo Fortalecer el Matrimonio" pag 59

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